Marcha anual de carnaval de campanilleros en la región de Kastav

Marcha anual de carnaval de campanilleros en la región de Kastav

Con un montón de esquiladas, ruidos y bailes casi mágicos, un grupo de hombres enmascarados con enormes máscaras de animales, vestidos con pieles de ovejas, empuñando en alto hachas y porras, recorren los pueblos de los alrededores durante días y no dejan en paz a nadie. La escena correspondería a una película de horror, si no fuera una descripción de la comitiva de campanilleros de la región de Kastav y su manera tradicional de festejar el carnaval. En la antigüedad, parte de esta expresión folclórica tenía fines rituales en el invierno para invocar a los dioses de la fertilidad, ahuyentar a los espíritus malignos y proteger al ganado del mal de ojo. Hoy es más bien una celebración de costumbres y canciones, no tan solo para los artistas, llamados campanilleros (en croata “zvončari”), sino para toda la región y la población de Kastav, que está excepcionalmente orgullosa de esta tradición.

 

Los primeros registros de campanilleros organizados que se conservan se remontan al siglo XIX, pero las raíces profundizan en el pasado remoto teniendo en cuenta todos los elementos de los rituales y el vestuario específico que apuntan a las ceremonias del culto de la fertilidad. Durante el siglo pasado, precisamente por estas características, se distinguieron los campanilleros de la zona occidental de Kastav, porque no ocultaban sus caras y llevaban gorras con adornos de papel, mientras que los de la zona oriental de Kastav llevaban máscaras únicas con cuernos y una gran esquila en la espalda. Y cuando los campanilleros llegan al centro del pueblo, liderados por el comandante, comienzan a agruparse en rueda y se ponen a bailar, para finalmente quedarse en silencio por completo e irse al silbato del comandante, para que, junto con los músicos, los habitantes locales les dieran de comer y beber. Sin embargo, en esta marcha carnaval no se trata solo de las esquilas, ya que  viene acompañada por toda una ristra de costumbres, bailes, comidas y bebidas especialmente preparadas. Los propios campanilleros son miembros de la comunidad Kastav, cuidadosamente elegidos, porque uno cualquiera no tiene fuerza, valor o, mejor dicho, la locura de participar en cortejo de varios kilómetros golpeando pesados cencerros con un disfraz de piel de oveja. Pero los que lo aguantan, siempre tocan hasta el miércoles de ceniza o hasta el ayuno, cuando en un gran fuego se quema una figura simbólica, terminan las ceremonias de carnaval, y las esquilas se silencian hasta el próximo carnaval, cuando los campanilleros vuelven a salir de la oscuridad invernal para ahuyentar a los espíritus y anunciar mejores días, pero sobre todo para alegrar a todos los presentes.